Fogata / Por Cedhot Arias


Crepitante, nuestro sol,

arde sin fin y sin concierto.

Impulsa la sangre, quema y abrasa

el cuerpo de nuestros encuentros.

Uno es el sol, una es la piel

y todos los sentidos son uno

en la medianoche de este aposento.

Como lechuzas asustadas volamos.

Es fuego lo que ansiamos,

incluso a la sombra.

Mientras en un abrazo fundimos

latidos, son tus manos o

las mías crisol apropiado.

Conozco el sendero que trazó

la luna al caer la noche sobre la cama,

conozco cada sonido

de tus pestañas.

Sé que a veces no duermes.

Que todos los calores del cuerpo

hacen inviable el descanso.

Que solo mis dedos de serpiente,

de látigo salado,

atizan el carbón y dan aire a tus llamas.

Uno es el sol, una es la piel

y todos los sentidos son uno

en la medianoche de este aposento.

Afuera, todos los rumores

saltan y bailan al ritmo de hojas y ramas.

Afuera, la luz y la sombra son

un vestigio del desenfreno,

del agua, del aire,

del lodo que hicimos

al dejar ir los lamentos.

Un millón de chasquidos

irrumpen y quiebran

el silencio que el viento traza

en los pasillos oscuros.

En la madera... la vieja polilla

continúa labrando su tumba sagrada.

Agotamos las sábanas, hicimos

a un lado almohadas y cobertores,

aquel incendio nos dejó sin oxígeno.

Vimos pasar la noche,

no nos atrevimos a movernos,

a romper el delicado equilibrio

natural de la casa.

Acurrucados, mientras todo arde,

bebemos y amamos.

Cedhot Arias

Comentarios

  1. Conozco el sendero que trazó


    la luna al caer la noche sobre la cama,


    --<--@ (pretensión de rosa!)

    saludos ;)

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