
Me miraste y creíste
en las lenguas de fuego
que de mis ojos brotaban...
No soy un dios,
no quiero que me adores,
no te inclines ante mí
como si mi presencia
fuera una con el destino.
Levántate,
deja que caigan una a una
todas las costras secas
de mi infernal abrazo.
Deja que los vientos
levanten vuelo
desde el sudado
escondite de tus cabellos;
deja que todos crean
en este huracán que nos envuelve.
Un millón de rumores
arrastras a tu paso,
mientras el agua que brota de mis manos
apaga el incendio que había
en tu vientre.
Cedhot Arias
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Tus Palabras...