Evolución / por Cedhot Arias


Para Susan Castro, con aprecio.

Tu mirada es la extensión del cielo sobre el horizonte,

ese que aclara cada tarde el rojo calor del día que se apaga.

Como una almohada de flores arrancadas —húmedas

como la suave piel que une tus muslos—, el astral brillo de tus cabellos

alivia el dolor intenso

de mi entrecejo.

Sé que solo sonríes cuando sientes latir las estrellas

que habitan en tu pecho... Yo mismo crucé ese puente de siglos

hace unos días, mientras peinabas el tiempo

frente al espejo que habitamos.

Una mano que camina por tu espalda,

mis ojos que anhelan lo que los tuyos ofrecen,

un jardín, un viejo par de zapatos,

la paciencia del librero,

aquella ventana ciega.

Llegar tarde a casa,

esperar el regalo de tus brazos.

Hacer de nuestras sábanas

el abismo en el que cada día

clausuramos

la mañana.

Cedhot Arias

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