lunes, 22 de septiembre de 2014

Pueblo / Por Cedhot Arias


Foto: Atardecer en Cantaura / Víctor José Arias

 A Cantaura

Ríos de asfalto
corren por tus calles soñolientas;
ni trigo ni pasto,
sólo nubes y soles calcinantes
te abrazan y despiertan.

Esta algarabía no es de fiestas
son entierros sin sus muertos,
son encierros y pasado.
El hombre en los campos
y el agua seca entre los caños,
son los niños
son las locas,
con palos aguantadores de sufrires
aguantadores de años.

Tus mujeres con fogones
meneando guisos, contando hijos
para sembrarlos en los patios.
Son los ranchos
son sudores en el cuero,
esperanzas echadas al llano
el sol encima de las lomas
te exprime el bagazo
que dejan los taladros.
La lluvia que bromea no te lava
el gris de la mirada, mucho menos
lo curtido de las patas en el barro…

Así aprenden a querer la patria los fulanos,
en los pueblos de moriche,
en los pueblos y poblachos
llenos de milagros.
En las venas se siembran la sangre de la tierra
y los gritos del Caribe
que corre por las mesetas de antaño.
Estas gentes y sus penas
bailan a sus muertos en vez de llorarlos.

Por las calles que van al cielo
ya no pasan los caballos,
mucho menos burros cargados
con corotos del mercado;
ahora son otros tus habitantes
en la mezcla que le ganaron
al enano, los gigantes;
-Una mueca-
herederos de retazos.

Una hembra y el bojote de leña al lomo
cargando para alumbrarse el paso;
un par de ancianas,
chismes en la misa,
golpes de pecho y velas a los santos.

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