domingo, 23 de septiembre de 2012

Mujer centauro / Por Cedhot Arias


Composición gráfica a partir de una imagen del poeta Adrián Sánchez Oropeza
y un cuadro de Hilonome, la bella mujer centauro.
                                                                      
                                                                             A la centáuride

Día tras día, deslizándote suavemente,
hiciste un camino de agua sobre el lecho de mi cuerpo;
corriente dulce, me domaste, me tomaste,
me hiciste solo tuyo una y otra vez,
una y otra vez estallé debajo de ti, diosa acuosa.

Era el tiempo fértil, la mirada íntima,
el polvo cósmico de tus manos reteniendo las mías,
tu cadera tomando la mía en un abrazo de piel,
y piel era el suave musgo que brotó de mi sexo.
El canto inerte de las flores que regaste sobre mi
mientras todo tu cuerpo acuoso marcaba cada centímetro
de mi estructura mineral. Somos la piel de este mundo.
El viento inatrapable, un canto de muchos pueblos.
El llanto de los amores inconclusos.

Soy hombre bajo tus muslos gruesos como montañas,
soy hombre en tus labios suaves y ansiosos de muchos besos,
soy hombre cuando me tomas y atrapas todos mis huesos en tus huesos,
soy hombre solo cuando te desvaneces como una inmensa
yegua dormida en el refugio insondable de mi pecho arcaico.

Tu eres el río, te deslizas y dejas tu huella en todas mis cosas,
escucho todas las palabras del bosque sobre tus rodillas,
la tenue conversación de los pájaros que anidan tus costillas,
el rumor del barro, de las hojas -pequeñas barcarolas vegetales-
cierro los ojos y despierto atrapado en tus senos,
cierro los ojos y despierto atrapado en el sonido de tu cuello,
en la otra mirada ausente de tu rostro.
Cierro los ojos y despierto en el estruendo
mientras te penetro.


                                                                                Cedhot Arias

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