martes, 13 de marzo de 2012

Por César Seco / AMBOS DOS


La mujer revierte la ceniza con oraciones.
El hombre está obnubilado por una voz que
lo recorre, que lo lleva de un lugar a otro. La
mujer abre su Biblia en Romanos 15 y ajusta
el día a su trenza, cambia el agua a las flores,
trae café a la cama, toma la llave y hace entrar
la mañana . El hombre silba, la va desnudando,
circunda sus pasos, la sigue como sigue el jaguar
a la noche. La mujer prueba un vestido, otro y otro,
predice cuantas lunas contará él en su piel. El hombre
pule sus zapatos con hojas de cayena. La mujer guarda
cartas, fotos, recuerdos. El hombre unta perfume azul
en su oreja, pronuncia lo que sólo un árbol dice en su boca.
Ella tiene un lugar al que ofrenda rosas. El es la llave de la casa.
Una vez ella fue Diotima y él Federico. La mujer trajo la vajilla blanca,
lo invitó a sentarse. El hombre un pan de agua puso en la mesa. La mujer
se llama día y el hombre noche.

 Se llaman, se aman en un solo sol que les
viaja por dentro cuando se tocan.

No hay comentarios.: