domingo, 28 de agosto de 2011

Arenas sin nombre / Cuento Breve por Cedhot Arias



Vestida de brisa, alrededor solo sombras íngrimas. La serpiente desnuda cavila sus penas mascando espumosa tierra sin sal, sin aroma.

Más allá, mezclado en la infinita variedad de piedras sin nombre: la víctima.

El roedor usufructúa las ramas inertes, mientras el sol tuesta todo, eternamente. A lo lejos, mucho más lejos aún que la mirada del día, un trueno desnuda sin invitación alguna, seductoras ramas de sebucán.

Aquí, inmensa, la soledad presencia el estratégico paso tenebroso y firme de la muerte sabana adentro.

Mascando con gula suicida, el conejo tierno, escucha latir millones de veces su corazón vegetal. Los ojos alertas, la respiración alerta, el crujido zigzagueante del verde alimento bajo los duros dientes.

Mientras tanto, la cazadora avanza, espera, avanza, y espera, haciendo apenas rodar vestigios terrestres bajo la panza mortal y larga como una hoz.

Es una ley sin clemencia sobre las hormigas mínimas el aguacero en su viaje inexorable allá a lo lejos. Los goterones infernales haciendo estremecer la frágil vida de las esclavas que corren en todos sentidos y direcciones.

A tiro, el conejo hace mutis previsivo, los tendones contraídos, las carnes endurecidas, huele la muerte pisándole los talones y siente ya que añora la libertad encabritada, el amoroso encuentro reproductivo, la senda junto al rio, el turbio y fresco latir del agua bajo sus patas.

Los ojos del conejo brillan, calculan distancias, suda sin tiempo, apenas le queda un suspiro…

…¡corre!, y en el brinco tan solo de refilón, sus ojos erizados ven bajar el afilado machete, luminoso, metálico, con alma de sangre, que apenas toca la piel, pica finamente en dos tajos limpios la cabeza ensimismada ¡Zuis!¡Zuas!¡Zuis!... va y viene sobre la serpiente embelesada en el vaporoso sueño de comer conejo con vegetales.

Cedhot Arias
2009

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