miércoles, 1 de abril de 2009

Fogata / Por Cedhot Arias


Crepitante, nuestro sol,
arde sin fin y sin concierto.
Impulsa la sangre, quema y abrasa
el cuerpo de nuestros encuentros.

Uno es el sol una es la piel
y todos los sentidos son uno
en la medianoche de este aposento.

Como lechuzas asustadas volamos.
Es fuego lo que ansiamos
incluso a la sombra.

Mientras en un abrazo fundimos
latidos, son tus manos o
las mías crisol apropiado.

Conozco el sendero que trazó
la luna al caer la noche sobre la cama,
conozco cada sonido
de tus pestañas.

Se que a veces no duermes.
Que todos los calores del cuerpo
hacen inviable el descanso.
Que solo mis dedos de serpiente,
de látigo salado,
atizan el carbón y dan aire a tus llamas.

Uno es el sol una es la piel
y todos los sentidos son uno
en la medianoche de este aposento.

Afuera, todos los rumores
saltan y bailan al ritmo de hojas y ramas.

Afuera, la luz y la sombra son
un vestigio del desenfreno,
del agua, del aire,
del lodo que hicimos
al dejar ir los lamentos.

Un millón de chasquidos
irrumpen y quiebran
el silencio que el viento traza
en los pasillos oscuros.

En la madera... la vieja polilla
continúa labrando su tumba sagrada.

Agotamos las sábanas, hicimos
a un lado almohadas y cobertores,
aquel incendio nos dejó sin oxígeno.
Vimos pasar la noche
no nos atrevimos a movernos
a romper el delicado equilibrio
natural de la casa.

Acurrucados, mientras todo arde
bebemos y amamos.

Cedhot Arias

1 comentario:

Marijó Pérez-Lezama dijo...

Conozco el sendero que trazó


la luna al caer la noche sobre la cama,


--<--@ (pretensión de rosa!)

saludos ;)