viernes, 9 de enero de 2009

Atardeceres / Por Cedhot Arias



La tarde ha caído como una mariposa herida sobre el costado de los sueños.

Allí, en el exacto lugar de los desencuentros,
en el escaso espacio de la desesperanza,
en el tumultuoso rincón de las horas perdidas.

Y quise levantar el sol entre los árboles
echarme la luz al hombro como a un niño que ríe
escalar la sólida cumbre de nuestras miradas fieles.

Y quise arder con todo ese calor a cuestas
ser antorcha leve en tus brazos firmes
brillante espuma o cántaro cálido para tus deseos.

Más, me consumió el nefasto cloquear de relojes fúnebres
el sino del tiempo aleve.


Cedhot Arias

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