lunes, 23 de julio de 2007

Carta a mis hijos / Por Cedhot Arias








“Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias”
Constantino Cavafis


Hijos, salen al mundo y el mundo se abre pleno de posibilidades y retos para ustedes. Durante los primeros años de sus vidas, su madre y yo, los hemos cobijado a la sombra de nuestros frondosos cuerpos. En la esperanza de que germinen, sanos, fuertes, de cara al universo. En la seguridad del hogar hemos cosechado cada sonrisa, cada palabra. Hemos celebrado sus primeros descubrimientos, llorado sus temores y abrigado sus tiernos sueños. Siempre será así. Presentes o ausentes viviremos en su memoria como guardianes del amor y faroleros del sendero cuando se vuelva oscuro.

Hijos, salen al mundo y a nuestros cuidados se unirán maestros y amigos. Y nuestra preocupación por los extraños de extrañas intenciones será motivo de cautela y alerta permanente. Sin embargo, comprendemos que han venido a nuestras manos para compartirlos con el cosmos.

Desde el regazo y los brazos van hacia el mundo, para construir con cada paso su propia libertad, su auténtica identidad. Habrá quien les diga, bajo su propio interés, que deben ser de tal o cual manera, o comportarse de tal o cual forma. A todos escuchen con respeto hijos, pero mediten, en la soledad de sus almas, la certeza y pertinencia de lo que oyen. Por encima de todas las cosas, y habiendo reflexionado prudentemente, nunca pacten contra sí mismos. Recuerden que la integridad y la dignidad son bienes invaluables que sólo se pierden una vez.

Hijos, a nadie nieguen una sonrisa, una mano de apoyo, una palabra de aliento, una actitud solidaria. El hombre y la mujer más ricos, son aquellos que atesoran cariño y respeto sinceros. Que su silencio y su soledad solo les incumban a ustedes; que su silencio nunca sea complicidad con el malvado. Más miserable es siempre quien calla un crimen que quien lo comete, aunque ambos sean culpables.

En su andar por la existencia conseguirán seres que los aprueben y los desprecien, ni unos ni otros tendrán poder para hacerlos más o menos valiosos de lo que son. Estén siempre, y por mayor que sea el costo, en paz con su propia alma. Sean ustedes los dueños de su propio destino: a nadie carguen sus derrotas, y compartan siempre con los amados, los amigos y los aliados la alegría del triunfo… la mayor victoria es la sana compañía de quienes los aprecian y estiman. Igual celebren la perdida y la ganancia, el padre celestial es sabio y a cada quien regala sus propios retos.

Rogamos pues al Dios omnipotente, que nada les sea indiferente; ni el dolor, ni la alegría, ni la fidelidad, ni la traición. El amor por la vida se forja en el crisol cotidiano de todo cuanto es humano. La fortaleza nace del diario esfuerzo, así que guarden con recelo cada momento vivido y en cada esfuerzo entréguense por igual. No existen cosas sencillas o complejas; ni grandes ni pequeños logros, cada gota de sudor es importante porque en ella se va un poco de nosotros y de nuestros anhelos, los resultados por igual iluminan el camino.

Amen sin miedo hijos… amen plenamente y la vida no les será mezquina, sino por el contrario prolija y abundante. Ustedes son dueños de sus cuerpos, de sus almas y de sus vidas… todo aquello que sus ojos alumbren protejan, y el universo los protegerá.

Sin duda, que los seres humanos hemos vuelto el mundo en que vivimos: violento y difícil, no dudo que habrá quien, bajo una búsqueda equivocada, daño intente hacerles, recuerden que cada ser está en un lugar del camino por aprender a vivir armónicamente. Combatan con equidad, justicia, perseverancia y ánimo, y jamás permitan a su corazón el odio y la venganza, es peligroso, termina uno volviéndose lo que siente.

Hijos… como padres cometeremos errores, somos humanos, si nosotros que los amamos profundamente y nos esforzamos por que aprendan lo mejor estamos sujetos a la falla, ¡que no será aquellos que no los conocen!, por tanto, a nadie juzguen, menos en su ausencia.

Siempre los amaremos, así que no duden ni un segundo en buscar nuestro apoyo, nuestra solidaridad y nuestro consejo sincero. Estamos eternamente agradecidos a Dios por el milagro que son, y por el inmenso regalo que representan. Vivan. Reciban un beso y un abrazo, Shalom y Abraham.



Cedhot Arias

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que Hermosa y puntual cada palabra que colocaste en esta carta definitivamente la escribiste con el alma, es precisamente es consejo que nosotros los padres debemos darle a nustro hijo, no esperaba menos de ti.............
chao

cafe c/leche c/ pan tostado

Ramón Sotillo dijo...

A VECES LA TERNURA SE ESCONDE TRAS LA SABIDURIA, PERO EN TUS PALABRAS AMBAS CUALIDADES SON EVIDENTES. AMIGO Y VECINO: EN LA MEDIDA EN QUE AVANZABA EN LA LECTURA DE TU TEXTO ME PARECÍA VER A TUS LINDOS HIJOS, SHALOM Y ABRAHAM, ESTAR OYENDO MUY ATENTAMENTE LO QUE LES DICES. DIOS LOS BENDIGA HOY Y SIEMPRE, POR SUPUESTO, TAMBIEN A TI Y A LA SRA. SCARLETH QUE LOS TRAJERON AL MUNDO, MEDIANTE LA AYUDA DE DIOS Y LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

Cedhot Arias dijo...

Café con leche y pan tostado, algún día tenía que responderte. Gracias.

Cedhot Arias dijo...

Profesor Sotillo, lo imagino leyendo cada palabra y pensando es sus hijas a las que ama tanto. Un abrazo. Gracias por sus conceptos.