lunes, 11 de junio de 2007

¿Un sendero de palabras? / Por Cedhot Arias


La palabra crea y destruye. Eso es algo más que un lugar común. La palabra es el sitio de todos los encuentros y desencuentros.

Se cuenta, en ese estupendo libro del Dios único que es la Biblia, que al principio de todas las cosas, el espíritu creador flotaba sobre las aguas en desorden, y que en ese ir y venir, líquido y anárquico, el verbo se erigió sobre las olas y dio luz al universo conocido y por conocer. Era pues Dios el verbo único.

Con el tiempo, la cúspide de la obra sagrada que es el hombre, genéricamente hablando, vendría a heredar tan poderoso don. El don omnipotente de crear o destruir con la palabra. De acercar o alejar, de enamorar o sembrar profundamente el odio y la división. La Palabra bien es el sendero de los sueños o la avenida de los infiernos más crueles y despiadados. Con fervor los conjuros del chaman de los pueblos antiguos traían lluvia y sanación. Con fe y potencia de figura sagrada: Jesús, el maestro, echaba a los demonios con solo nombrarlos y ordenarles -sin transigir jamás el poder del bien y la justicia- retirarse del cuerpo y del alma del fiel invadido.

Con maldad, Adolfo Hitler, abrazado a ese propagandista de la destrucción que fue Joseph Goebbels, con su anti ético y emblemático slogan de: "Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad". Transformó la prédica inquietante, abrasiva y rencorosa del Führer en una maquinaria de muerte que dió al mundo una clara demostración de la vileza y estupidez a las que pueden llegar algunos seres humanos. Peor aún, grabó en el alma de la humanidad un dolor sin fin y una cicatriz inmensa que nos recuerda reiteradamente lo que es capaz de hacer un ser humano con el alma oscurecida en contra de otros seres humanos.

Ya sea hablada o escrita la palabra convoca, invita a los seres, invoca las almas. Es un bálsamo llamado oración. O un aceite llamado veneno.

Abro un círculo y los invito a sentarse, escuchemos lo que otros tienen que decir. Este Blog es un espacio finito y largo como un río, o más bien como un sendero de palabras. Evoquemos las noches del fuego, en las cuales los iguales reflejados en la hoguera hilaban la historia de la comunidad. Transmitían el saber y enseñaban la magia.

Después de todo la vida es este momento sagrado en el cual hablamos o callamos, para bien o para mal. Por cobardía o valentía, o simplemente, para no dejar de declarar que aquí estamos para algo, aunque solo sea para hablar.


Cedhot Arias.

3 comentarios:

Anyi dijo...

Cuando deseamos algo y lo declaramos nuestro todo el universo conspira a nuestro favor. Por eso debemos cuidar nuestra mente cual nuestro jardin y sacarle todas esas malas raices de pensamientos negativos, que a su vez se reflejan en nuestras acciones y expresiones del dia a dia, Como esta escrito: " De la abundancia del corazon habla la boca" Te felicito Cedhot tienes muchas cosas buenas dentro de ti para dar, repartelas sin medida y sin esperar nada a cambio.

Ophir Alviárez dijo...

"El hombre es siempre/
el constructor de una cárcel./
y no se conoce a un hombre/
hasta saber qué cárcel ha construido."/

Yo creo que las palabras tienen ese poder que dice Juarroz y que -como tú mencionas-, crean o destruyen hasta cárceles. He estado pensando en ello y queriendo escapar de la mía y tras conclusiones y ejemplos que no vienen al caso, me he dado a la tarea de respetar cada vez más la palabra, de asumir lo que se dice, de meditarlo para no dañar, para no agredir y sobre todo, para darle el justo valor que le corresponde y que me merezco como persona.

Quizás sea otra consecuencia de lo "sensible" que soy, quizás sólo es que me dejo poseer tanto por ellas que he aprendido a respetarlas, quizás es que soy una romática, como me dijeron recientemente y creo, quiero creer.

Me uno al círculo y me siento, estoy segura de que el intercambio será lo fructífero de siempre.

Cariños,

OA

francisne dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.